Proyecto/Obra
1999/2003
Localización
Osuna (Sevilla)
Superficie
2150 m2
Tipología
Monástica
Cliente
Comunidad de Madres Carmelitas de la Antigua Observancia
Tipo
Encargo
Estado
Construido

Considerada su fundación como la más antigua de en­tre los actualmente existentes en Osuna, el monasterio de San Pedro se revela como una de las más interesantes muestras de arquitectura conventual existentes en la provincia de Sevilla. Se trata de una amalgama de edificios, de distinta época y fac­tura, que desde 1573 viene siendo la sede de la comunidad de religiosas de la orden Carmelita de la Antigua Observancia, de factura tan humilde que no mere­ció su inclusión en el catálogo de edificios históricos protegidos. Aparte de resolver la ruina en que se encontraba la mayor parte del conjunto, la comunidad hizo hincapié en la necesidad de encontrar una solución espacial que per­mitiera articular las distintas áreas de uso dentro del convento, evitando la incomodidad que suponía el he­cho de que cualquier recorrido entre las celdas y los espacios de uso común (principalmente los baños, aunque también el refectorio, la sala de recreo, y la parte de arriba) tenía forzosamente que incluir el paso por el patio a la intemperie. El patio de “Petare», surgido de la apropiación de un tramo de la calle Gordillo y su posterior colonización con edificación, se convirtió en el eje central de la propuesta, siendo nuestra intención que ese espacio recuperara el sentido de comunica­ción que tuvo en otro tiempo, y que sus dimensiones originarias fuesen reconocibles en el interior del convento de ma­nera clara. Se contienen las celdas en la banda de fa­chada del patio, y el espacio restante se destina a gale­ría cubierta y aseos. En planta baja, estos se agrupan en una banda adosada al muro, de modo que galería y patio se prolongan el uno en el otro, mientras que en planta alta la galería discurre sobre los aseos de planta baja y los baños se disponen como volúmenes pris­máticos flotando sobre el soportal. Así, el ancho original de la calle se recupera visualmente, no sólo en planta sino también mediante las visiones cruzadas y, por su­puesto, la perspectiva en profundidad. En el espacio que antes ocupaba el locutorio se levanta la escalera, en el punto más conveniente para poder coordinar to­dos los recorridos posibles a cubierto.

la portada de la iglesia, uno de los escasos elementos arquitectónicos con rasgos mudéjares que hay en Osuna, y que es fechable en la segunda mitad del s XVI. Realizada en ladrillo, su estado de conservación era pésimo, por lo que fue necesaria una importante labor de consolidación, añadiendo un arco de soporte que trabara la portada al muro, y que es identificable por estar revestido con mortero de cal color almagre, para evitar confusiones con la obra original. Así se pudo sustituir la puerta que se colocó de forma inadecuada en la reforma llevada a cabo en 1883, por una puerta de dimensiones y diseño más ajustados al lenguaje arquitectónico de la fachada.

Fotografía:
Jesús Granada, Antonio del Junco